Por primera vez en su vida Amalia se sintió acompañada y apoyada, el abrazo y palabras de consolación por parte de Charlotte eran más que gratificantes. Ya no se sentía sola, su mayor secreto había sido confiado a la institutriz de su hijo y ella se mostraba tan comprensiva, ante algo que no es normal para la sociedad.
Charlotte por su parte recordaba que en su niñez oyó hablar a las criadas de que ciertas personas tienen gustos distintos y para nada aceptables. Hombres que deseaban y pecaban