La gente comenzó a salir de la sala común en oleadas, susurrando, cuchicheando, sin poder ocultar la conmoción. Las miradas que antes eran de desprecio ahora eran de curiosidad, y algunas incluso de miedo. Maximilian había comprado la agencia. Maximilian, el hombre con el que supuestamente me estaba acostando. El rumor ya era malo, pero ahora parecía una confirmación.
—¿Viste cómo la miró? —susurró una modelo a su compañera.
—Está claro que es por ella —respondió la otra—. ¿Por qué más compra