Arantza se dirigió al coche y subió en el asiento del copiloto, abrochándose el cinturón. Lenya se mantuvo inexpresiva cuando arrancó el motor y se pusieron en marcha.
Durante el trayecto, ambas permanecieron en silencio, hasta que la heredera decidió ser la primera en articular palabra.
—¿A ti… te gusta ese muchacho? —le preguntó de repente. Honestamente, la intriga la estaba consumiendo y, aunque se contuvo bastante para no cuestionárselo, terminó dejándose llevar por su intranquilidad.
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