La oscuridad que envolvió la Mansión Valderrama no era un simple apagón.
Era una oscuridad densa, cargada y con olor a muerte. Valentina permaneció inmóvil en la habitación infantil, abrazando a Santiago, que empezaba a inquietarse en sus brazos.
El olor a gas, antes apenas perceptible, ahora era acre y quemaba su garganta.
¡Miguel! ¡Miguel, despierta! susurró Valentina con urgencia, tras lograr tantear la puerta de la habitación de su hermano.
Miguel apareció en el umbral con el rostro pálid