Treinta años después
Isabella Morales Santoro, a sus ochenta años, se sentó en una silla de ruedas en el vestíbulo del Edificio Morales, mirando a su alrededor con ojos que habían visto tanto demasiado, algunos dirían, pero ella nunca lo llamaría así.
A su lado, Dante ochenta y dos, con bastón pero todavía de pie firme sostenía su mano como lo había hecho durante cincuenta y tres años de matrimonio.
Habían venido para una ceremonia especial. La centésima inauguración de un proyecto de la Fundac