Miguel miró el email en su teléfono tres veces antes de llamar a Isabella.
Necesitas venir a mi oficina. Ahora. Carlos acaba de enviarme algo que... necesitas verlo tú misma.
Miguel, estoy en medio de una inspección del sitio...
Isabella. Ahora.
El tono de su voz hizo que su estómago se retorciera. Veinte minutos después, estaba sentada en la elegante oficina de Miguel, mirando la pantalla de su computadora con creciente horror mientras él reproducía los mensajes de texto capturados en las c