George, después de escuchar aquellas palabras, tomó la mano de Lenis y besó su dorso.
Agradeciendo al frío por haberlos hecho meterse en casa, los novios, ahora completamente solos, contemplaban la torrencial lluvia que caía una hora después de la cena y el brindis, permanenciendo de pie frente a las puertas de vidrio.
George la abrazaba desde atrás, Lenis acariciaba aquellos fuertes brazos que la sostenían.
Se escuchaban las gotas caer, sobre todo encima de la tela protectora que unos hombres