—¡La guantera! —gritó George, maniobrando con el vehículo—. ¡Saca el arma!
Lenis, en medio del estupor en el que se encontraban, con movimientos desordenados y dificultosos, abrió el compartimiento mencionado, encontrándose con una pistola anclada en la parte superior del mismo.
—¡Empújala hacia arriba y atráela hacia tu cuerpo!
—¡George, por Dios! ¡Ahhh!
Cuatro motorizados los rodeaban en plena autopista y no paraban de amedrentar el vehículo con una variedad de objetos pesados, lo que George