Emely, caminó con paso firme a la sala, sintiendo enojo pero disimulándolo.
—Esos bocadillos están increíbles, madre, y el jugo delicioso, pero ya debo irme— le sonrió.
—Pensé que te quedarías un poco más— le dijo con tristeza.
—Quisiera, madre, pero no puedo, Lisbeth, me espera para ayudarla con detalles de su boda. No quiero que piense que la dejo sola para preparar el mejor día de su vida.— le regaló una dulce sonrisa.
—Por supuesto que no, ve con ella y entrégale muchos saludos de mi parte,