Aunque al mano derecha ruso ya le había tocado ver al Hades, antes, no dejaba de impresionarle su imponente presencia, su aura era aterradora, podía decir sin temor a equivocarse que estaba frente a uno de los hombres más despiadados que había llegado a conocer
— Creo que llegamos justo a la hora del comienzo de la fiesta — dos hombres vestidos de traje hechos a medida, uno gris a cuadros y el otro en azul a cuadros, ambos llevaban finos lentes aumados que cubrían su peculiar y hermosa mirada
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