El suero dejaba caer las gotas lentamente, el silencio en la habitación era sepulcral, la señora Diamantis iba a abandonar a su poderoso esposo en contra de la voluntad de éste
— Señora Diamantis, entiendo perfectamente su posición, el jefe no debe meter mujeres a su casa, están casados y le debe respeto, además de mí, que le juro que no hay ningún romance entre nosotros, no se a quien más pudo haber traído, él no es ese tipo de hombre mujeriego, ¿porque... por qué no le da una oportunidad? es