Los días pasaron, Nathan no había día que no hiciera mérito para ganarse el perdón de Eleanor, ella había comenzado con los achaques del embarazo, los vómitos eran frecuentes, algunas veces él era quien le acariciaba la espalda, otras veces era el pequeño Eleazar
— Mamá, no te vuelvas a embarazar, ese bebé parece que te está atacando desde adentro, comes lo que él quiere y todavía te hace que lo vomites, vamos a qué te recuestes, papá dice que tienes que descansar mucho — el niño era considerad