Aunque casi no pude dormir esa noche, ya que eran demasiadas emociones, me levanté por la mañana muy temprano, miré por mi móvil el cambio de horario de Florida con Irlanda, para llamar a mi amiga Johana y preguntarle por mi hijo. Marque su número de teléfono con las manos temblorosas, dejando que sonara varias veces hasta que escuche la voz de mi amiga, marcando las palpitaciones de mi corazón a más de mil por hora al escuchar a mi amiga Johana al otro lado del teléfono.
— Johana, soy Katia ¿c