La casa se mantiene en total silencio. En esa clase de silencio profundo que solo existe en altas horas de la madrugada, cuando incluso el viento parece moverse con cuidado y hasta el sonido de una aguja al caer puede escucharse. Afuera, la nieve cae con lentitud tras los ventanales, bajando su intensidad, pero aún así reflejando la luz tenue de las farolas exteriores.
Sentado en el sofá principal, Franco se deja envolver por el silencio mientras su silueta se camufla en la oscuridad. Sus manos