ALEXANDER.
La respiración se me hizo pesada cuando vi los dos autos estrellándose, e incluso la camioneta en la que me encontraba estaba aún andando cuando me lancé a la calle para correr detrás de Sofie.
No… no… no.
El humo se esparció por el lugar mientras la gente se arremolinó para ver el suceso. Tomé la manilla del auto de Sofie, para abrirla, pero incluso por el fuerte golpe, estaba bloqueada. Los vidrios estaban arriba y me desesperé cuando vi su cabeza pegada al volante y no respondía a