EMMA.
Había pasado por esta situación una vez. Colgando el teléfono después de terminar de organizar algunas cosas de decoración para la boda, solo suspiré sin poder evitar recordar a mi padre cuando me casé en contra de su opinión en el pasado.
Recuerdo cómo me esmeré y pagué casi la totalidad de la ceremonia, y como ese día pensé que iba a casarme con el hombre que amaba.
Eran las siete de la noche, miré a Adam que dormía plácido en su cuna, porque se había saltado la siesta, y noté como este