EMMA.
Pasaron dos días desde que vi a Noah, y fue imposible hacer algo bueno para resolver el problema en menos tiempo.
Era jueves por la tarde cuando volví a enviar el archivo. En la planta no había secretaria, y el teléfono de la oficina había sonado tantas veces como había sido posible, pero no me competía a mí atender esos asuntos.
Cuando le di enviar a sus socios el correo, agregué una nota dando una disculpa por la situación, y me dejé caer en la silla sabiendo que había terminado todo po