Sacó dos píldoras de su bolsillo.
:—Esto es para la resaca.
Recibí la bolsa.
—¿Qué hora es? —inquirí.
Volvió a sonreír.
—La una de la tarde.
Mis ojos casi se salen de su lugar, ¿cómo pude dormir tanto?
—Me van a asesinar en casa.
Me dejé caer en la cama ignorando que estaba semidesnuda.
Luca se acercó, sonrió y dejó un ligero beso en mi frente.
—No te preocupes mi chispita, yo hablé con mi tía, le dije que se nos hizo tarde por eso no te llevé a casa, también le dije que hoy quedamos en alm