Viernes…
Estaba tumbada sobre mi cama mirando al techo. Sentía una sensación de hormigueo en la nariz. Al día siguiente era el vuelo de Luca, no sabía con exactitud la hora. Aunque quince días atrás nos habíamos despedido, esa vez se sentía más real y dolía porque sabía que se iría definitivamente. El silencio en la habitación se hacía cada vez más pesado. Saber que su partida sería definitiva me llenaba de una tristeza abrumadora.
Y como si lo hubiera invocado justo en ese momento sonó mi te