—Entonces decepcioname más.
Mi labio inferior empezó a temblar, las lágrimas se volvieron amargas.
—No… —Susurré.
Se acercó a mí, apretó su cuerpo contra el mío, situó las manos a ambos lados; sobre las mías dejándome en medio.
—Mi chispita, no llores, no pasa nada. Siempre hemos tenido muy claras las cosas. No quiero que nada cambie entre nosotros porque entonces sí me va a doler.
Tomó un mechón de mi cabello llevándolo tras mi oreja, me abrazó con fuerza, su corazón latía tan rápido y por e