EL MARIDO DE MI HERMANA.
Apreté los hombros, no podía aplazarlo más.
—Por supuesto.
Sonrió con tristeza, definitivamente no me gustaba verle esa expresión, amaba más verle esa sonrisa llena de maldad. Se quedó platicando con mamá mientras yo subía a cambiarme. Cuando se despidió le dijo que me iba a robar unos minutos, mamá le respondió con una sonrisa; Sé que está en buenas manos.
—Si quieres, damos una vuelta por el parque que está por aquí cerca, para que no tengas que alejarte mucho de