Cuando Ale llegó al balcón de su habitación soltó todo el aire que contenía, se pasó las manos por el cabello, caminó de un lado al otro. Josh la observó en silencio. Con delicadeza la tomó del brazo obligándola a mirarlo y a detenerse.
—¿Vas a poder con esto?
—Sí —susurró ella.
Josh soltó una risita, esa donde se dejaban ver sus lindos hoyuelos.
—Alan no va a poder apagar el fuego que lo está consumiendo.
Ale ladeó la cabeza y lo miró con curiosidad.
—¿De qué hablas?
—Sus ojos han dicho