Leonel ya no estaba en su habitación. Se había trasladado a su sala de estar. Recostado en el asiento de tres plazas, con una franela blanca y un pantalón de pijama, usando aún su cabestrillo, tenía la pantalla del gran televisor encendida mirando el canal de espectáculos, donde monitoreaban la alfombra roja de la gran celebración, el cumpleaños de la “princesa” Green de Cliff, como él la había definido hace varios años.
Frank lo acompañaba y monitoreaba a los informantes de su jefe a través d