—No tienes por qué agradecerme y puedes llamarme solo Leonel. Dame esos cinco. —El niño chocó su palma con la de él—. ¿Jugamos ahora?
Liam se encogió de hombros y asintió, sonriendo de vuelta.
—¿Pero sería posible jugar al fútbol?
—Ok, ya veo que te gusta más ese deporte. ¿Cuál es tu equipo favorito?
Raymond escuchaba atentamente, se cruzaba de brazos, mirando de vez en cuando para otro lugar, ocultando lo que podía hacerle sentir esa camaradería entre su amigo y el hijo de Sofía.
—El Atléti