Un día después, Vladímir se tendió en el sofá de cuero de su discoteca en el lugar más cerrado y prohibido para estar tranquilo y pensar. Desafortunadamente, tuvo la desagradable sorpresa de ver aparecer a Tanya.
Dio una calada a su cigarrillo y le lanzó una mirada violenta que debería haberla disuadido de seguir adelante, pero, ay, este último se acercó para venir a besarlo. La dejó hacerlo, esperando sentir algo.
Nada.
Con los ojos fijos en el tapiz rojo, sin nada en la cabeza más que el que