Jabbar se puso la camiseta tras luchar contra viento y marea para que la joven se dignara por fin ponerse el vestido que le había encargado al final de la tarde. Ella se había negado varias veces antes de ceder.
Discretamente, caminó cerca de las puertas y la vio sentada en la pequeña sala. De hecho, se había puesto el vestido, excepto que se había puesto este horrible chaleco salvavidas. Parecía desesperada, como si la perspectiva de cenar con él le repeliera.
Excepto que sus repetidas erupcio