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Al día siguiente, cuando Lily abrió los ojos, su primer gesto fue extender los dedos por su rostro como una niña que no quiere ser vista. La luz era tan deslumbrante que tuvo que parpadear varias veces para reajustarse a la luz. Su corazón casi deja de latir, sin atreverse a moverse por miedo, a darse cuenta de que estaba sola, en otra habitación. Lentamente, retiró la mano y encontró dónde estaba, moviendo las pestañas a cámara lenta.

Reprimió un suspiro de sorpresa cuando vio las enormes colu
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