La boutique Maison Valli se encontraba en una calle de Polanco donde el precio del metro cuadrado era inversamente proporcional a la cantidad de palabras necesarias para describir lo que vendían. Sus escaparates no exhibían ropa sino fragmentos de ropa: un hombro de tafeta aquí, la caída de un dobladillo allá, suficiente para que quien pasara por la acera entendiera que el resto de la prenda existía en un universo que requería cita previa y cierto tipo de apellido para habitar.
Valeria llegó en