CAPÍTULO XII

Orión , capital del Imperio Anaki, 2160.

—Y he aquí que me presento humildemente ante ti, Majestad —dijo Osthar de rodillas y con la cabeza agachada ante el trono del Emperador— pues he sido derrotado en batalla y como comandante cargo sobre mí enteramente la culpa de mi fallo y he traído vergüenza y deshonor a mi Casa. Sólo con mi muerte o tu perdón mi familia se librará de mi infamia. Así que a ti, oh poderoso Emperador, te ofrezco mi vida.

Y diciendo esto desenvainó su espada ritual, una espada que sólo usaban los guerreros Anaki en ceremonias como aquella donde se quitaban su propia vida para limpiar un deshonor, y la colocó sobre su propio pecho.

Aquella escena era vista con atención por toda la Corte Imperial. La vida de Osthar dependía ahora de lo que hiciera el Emperador en los próximos segundos. Entre los más interesad

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