Después de hablar con su abogado, se levantó para llamar a la puerta de la habitación contigua.
–¡Sophie! –la llamó.
No hubo respuesta, volvió a llamar antes de empujar la puerta. Por el salón estaban esparcidas su camisa, las bragas de ella. . .
La puerta del baño se abrió y Sophie salió del baño poniéndose un albornoz.
–Oh, vienes ¿Es hora del siguiente asalto? –le preguntó, irónica.
–No he venido para discutir. Quiero que te vistas y hagas la maleta.
–No te preocupes, Dante. Me mar