Fue un golpe certero. Camille incluso lo reconoció con un jadeo, porque sabía que ella misma se lo había buscado.
—No, no será necesaria una prueba de ADN —respondió, resentida por tener que decirlo. Luego apartó la mirada bruscamente por la ventana lateral mientras esperaba que él volviera con alguna respuesta cínica e incrédula.
¿Y por qué no?, se preguntó con amargura. ¡Te metiste en su cama como una mujer que hace eso todo el tiempo! De sentir atracción por su hermano a enamorarte y desearl