¿Asher? ¿Dónde estás? Hay alguien en la casa —dijo ella, notando el temblor en su voz—.
—Soy yo —respondió él—.
—Pero… ¿qué estás haciendo? —preguntó ella, claramente confundida—.
—Sentado en el sofá de la sala —respondió él, con un tono provocador.
Ella miró fijamente al pasillo, sin poder verlo todavía—. Si estás en la sala, ¿por qué me llamas? —preguntó—.
—Ehh… a veces la gente se comunica mejor por teléfono que en persona —dijo él—.
Sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.
—¿Tenem