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Se había condenado a quedarse allí tumbada el resto de la noche, acalorada, necesitada y obsesionada con la idea de si era la única que sufría. Pero en algún momento de la siguiente hora, se quedó dormida. Y un rato después, un sonido bajo y ahogado la despertó de nuevo.

Alarmada por el sonido de angustia, Kimberly se apoyó contra el colchón, intentando recordar dónde estaba y por qué.

Estaba oscuro, con solo un estrecho rayo de luz que se filtraba entre las cortinas, y le costó un instante a s
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