—Empaca algo de ropa —dijo.
—¿Todo? —preguntó Kimberly.
—No, no todo. Solo lo suficiente para unos días —respondió—. Puedo enviar a alguien si necesitas más cosas o podemos comprarte ropa nueva.
—¿Y qué hay de mi trabajo? —preguntó ella—. Acabo de regresar. ¿Voy a abandonarlo otra vez?
—Sí —respondió él—. Tu vida es más importante ahora. Podemos llamar a tu padre y a Phoebe mañana y contarles todo. Estoy seguro de que tu padre puede encargarse de tu trabajo por ahora.
—¿Adónde vamos? —preguntó