—No importa —murmuró mirando su reflejo mientras se cepillaba el pelo mojado y se lo recogía en un sencillo moño—. Solo es mi guardaespaldas, nada más.
Se puso un conjunto de lencería azul de encaje, una blusa blanca de cuello en V y mangas cortas, y una falda que ondeaba alrededor de sus piernas.
Tras coger unos tacones, Kimberly salió de su habitación. Hoy iba a ser un buen día. Iba a seguir con su vida e intentar olvidar el desafortunado incidente de su secuestro.
No esperaba toparse de fren