—Claro que podrías haberlo hecho —dijo Alex, esforzándose por mantener la voz firme.
El jefe se acercó. —Pero no lo hicimos —dijo a apenas treinta centímetros de distancia. Su mirada pálida se clavó en el rostro de Alex.
—Me convertí en lo que soy hoy porque estaba decidido a no fracasar. Yo no fracaso... Nunca fracaso —dijo el jefe.
Alex asintió mientras el miedo lo invadía.
—Te dejé dirigir esta operación por tu reputación —dijo el jefe en voz baja—. Recuerda que tú también me debes un favor.