Mundo ficciónIniciar sesiónAriel reía feliz mientras Camelia lo seguía contemplando con recelo. Estaba claro que no le creía nada de lo que le decía. Él seguía asintiendo con la cabeza mientras ella trataba de encontrar en él al niño que tenía en su mente.
—No te creo, no te pareces en nada a ese niño que recuerdo —dijo al fin—. A ver, si es verdad, dime cuántas conchas hay.—Cien —respondió Ariel






