—¡Prepárasen, iremos de cacería! —grita Carlo al recibir el mensaje de su equipo de sistemas con la ubicación de Belisario Reimann—. Hoy me cobraré una a una las humillaciones, el dolor y las lágrimas de mi esposa. Deberías quedarte —añade, mirando a su yerno, con remordimiento por los golpes que le propinó. Ese joven es muy noble, asume culpas de otros que ni siquiera conoce y no se atrevió a levantarle mano.
—No me quedaré alejado, ese miserable asesinó a mi familia. Merezco estar presente —