Su segunda madre.
—¡Quema todo y que no queden ni cenizas! —brama, un hombre tras el teléfono—. Has perdido el toque, nena, no puedo creer que te haya quedado grande llevar a la cama a Patricio.

—Esa mosca muerta de Montserrat, llegó y se interpuso en mi camino, además de que la idiota de su amiga me humilló —menciona Susan mientras la toma sin delicadeza y la coloca de cara contra el escritorio, penetrándola por el trasero.

—Pero no te dijo nada de que no fuera cierto, eres una putica, espero que el imbécil
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