—Y el destino te trajo a Alaric en la universidad, ciego y arrogante, luciendo ese mismo broche de plata en la solapa de su chaqueta de sastre —siseó Chloe con un resentimiento puro que cortó la calidez del oasis—. Pero el cazador ya venía con el veneno inyectado.
—Serena vio el broche en mi joyero