Capítulo 108
El tic-tac del reloj de pared en el Juzgado Tercero de Familia no era un sonido; era un verdugo que medía el tiempo con la regularidad de una sentencia de muerte.

Setenta y dos horas.

Ese era el plazo fatal que el juez había otorgado antes de proceder a la disolución del matrimonio por rebeldía, amp
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