Más salidas que un gato.
El pequeño Aleksey empeoró más las cosas, ahora Alexandro volvía a llorar, Había perdido el reto, su mesada y lo habían llamado gordo.
Cuando llegaron a la tienda de lencería Isabella ya iba saliendo con unas bolsas en sus manos, no se las había querido dar a los guardias porque se trataba de su ropa interior.
El CEO vió y no le gustó que su mujer cargara las compras.
— Isabella, deja que los guardaespaldas lleven las bolsas, no es como que vayan a mirar lo que llevas ahí. — Pidió el