Sergey se llevaba dos dedos al puente de su nariz, estaba haciendo el máximo esfuerzo por no perder los estribos y hablar civilizadamente con la mujer que lo dejó y ahora se dedicaba a ser chef.
— Estoy esperando que me respondas Isabella, ¿En dónde están mis hijos?
— ¡No te lo diré, no tienes derecho a preguntar por ellos, que te quede claro que los niños son solo míos! Debo regresar a trabajar y te agradecería que no volvieras a acercarte a mí. — La mujer se dió media vuelta para march