Deseo y pasión.
Después de hacer piss, Griselda ahora tenía que volver a la cama. Pero el pie tan inflamado no le ayudaba mucho.
— ¡Ismael...! ¡¿Ismael estás ahí?! — La jóven Smith gritaba para ser escuchada.
— Estoy en la misma habitación que tú. No estoy en otro país, te escucho perfectamente. ¿Ya terminaste de hacer lo tuyo?
— ¡Siiii, ya terminé! Me echas una mano por favor! — La ojiverde seguía gritando, estaba ebria y no media el tono de su voz.
— Ya le dije que si la escucho. Ahhh... qué mujer