Anya
Tomé el tenedor y di un mordisco cauteloso. La miel se derritió en mi lengua, dulce y rica, y el bacon estaba perfectamente crujiente. Apenas había probado comida así en días. El simple acto de comer, bajo su mirada atenta, se sentía a la vez reconfortante y tenso. Mastiqué despacio, intentando no hacer ningún movimiento brusco. De vez en cuando, captaba sus ojos sobre mí, observándome, en silencio, sin parpadear.
El comedor estaba calmado, casi pacífico, salvo por el leve sonido de los cu