Un esposo devoto.
Los días siguientes transcurrieron con una calma que ninguno de los dos esperaba.
Rodrigo Ivanov no abandonó el hospital más que para ir a darse una ducha y cambiarse de traje.
El hombre que dirigía uno de los conglomerados empresariales más poderosos de Europa, convirtió una habitación de hospital en su oficina temporal, sin que eso le impidiera cumplir con una sola de sus responsabilidades.
Por las mañanas visitaba a su abuelo en el área VIP, conversaba con él, revisaba junto a los mé