Si te casas, siempre estarás vacío.
El silencio en el lugar se prolongó durante varios minutos.
Yuri continuaba contemplando al recién nacido, todavía incapaz de asimilar que aquel pequeño ser llevara su sangre.
El bebé estaba despierto envuelto en una manta, con los diminutos puños cerrados y el rostro relajado después del esfuerzo del nacimiento.
Irina lo observaba desde la cama.
Había cansancio en sus ojos, pero también una determinación que Yuri no reconoció hasta que ella habló.
— Yuri.
Él levantó la mirada.