Estoy embarazada...
Yuri salió de la mansión Romanov dando un fuerte portazo a la maciza y costosa puerta de su padre.
La lluvia golpeaba el parabrisas mientras conducía sin rumbo fijo por la fría ciudad.
Apenas podía respirar. Sus manos temblaban sobre el volante hasta que, incapaz de contenerse, frenó de golpe en una calle desierta.
El hombre golpeó el tablero con el puño.
— ¡No quiero esa vida! — Gritó con la voz quebrada.— ¡No quiero dirigir la Bratva! ¡Soy médico... No un mafioso!
Recordó los año