La mañana siguiente intente levantarme de la cama yo sola pero cuando puse los pies en el suelo, me tuve que coger enseguida al tablero de la cama, aun me seguia doliendo la cadera, pero me daba lo mismo, tenía que conseguir llegar a la cocina yo sola, no iba a consentir que el patán de mi esposo me ayudara para luego reirse de mi.
Uno a uno, fui bajando las escaleras, hasta llegar al salón, donde levanté la mirada, viendo a Mark como me miraba, poniendo enseguida recto mi cuerpo, pero al solta