En la mansión Cartier, Brihana estaba sentada en el sofá de la sala, con una taza de té entre las manos. Había intentado distraerse con un libro, pero su mente seguía regresando a las fotos, a las palabras de Brith, a la sensación de que todo se estaba desmoronando a su alrededor. Estaba tan perdida en sus pensamientos que casi no escuchó el sonido de su teléfono vibrando sobre la mesa.
Lo tomó con desgana, esperando que fuera otro mensaje de alguna amiga preocupada o, peor aún, una notificació